"La ciudad te declaró la guerra. ¿Quién se va a apiadar de vos? ¿Un adoquín? No se va a ablandar solo porque sea tu cabeza la que cae. Ni el asfalto, hirviendote vivo con sus vapores post-lluvia de verano, ni la tierra, consumiendo tu inmundicia, ni los árboles, subestimados, invadiendo tus construcciones frívolas. Subestimaste su poder, crecen cada vez más alto y más duros, destruyen con sus raíces, atacan ventanas y balcones con sus ramas, reclaman su lugar. Se adueñan del sol, te confunden, esconden trampas mortales con las hojas que sueltan. Un paso en falso más y adios, pasaje directo al centro de la tierra. Y si vaporizados seremos, vaporizados seamos. Aceptemoslo, hemos aprendido a ser cada vez más cretinos. Frenemos, suprimamos el torbellino de ansiedades que nos revuelve el estómago. Potenciemos la combustión, expandamos los pulmones y que nos sangren las costillas. Dilatemosnos en el aire, perdamos densidad, volvamosnos cada vez más sutiles mientras ascendemos y que se difundan por ósmosis nuestras ideas."
Buenos Aires, 29 de enero de 2007, 3:10 am
