Mi negación total a creer que las discrepancias acaloradas surgidas en una conversación no puedan solucionarse en la misma conversación ya me trajo demasiados problemas. Discuto hasta el final, hasta el hartazgo (del otro, en el 99% de los casos). Explicitando mis deseos de paz insistentemente no sólo no logro convencer al otro de mis buenas intenciones, sino que me gano su odio. O mucho peor, su tristeza.
Mi error. Mi optimismo incurable. Tal vez sea incapaz de ponerme en el lugar del otro de verdad... pero podría jurar que estando del otro lado recibiendo yo mis palabras, sentiría que la única reacción posible es la pacificadora! Pero claro, no estoy hablando conmigo misma.
Y el amor no siempre es más fuerte.
No es la primera vez que me pasa. Mi pregunta del millón es ¿dónde está mi falla? Y suena arrogante. "Oh, es que lo que sucede es que no puedo encontrarme el error!". Qué vergüenza sonar así.
Pero por dónde empezar? Pienso que lo que pienso es correcto, pero, si lo fuera realmente, no debería tener el efecto que tiene. Entonces, si el efecto es uno distinto (radicalmente opuesto) al que el pensamiento asegura que produce, hay un problema. Con lo cual, se llega al siguiente enunciado: pienso que lo que pienso es correcto y pienso que lo que pienso seguro que tiene una falla. Entonces lo que pienso no es correcto. Ahora queda averiguar por qué.
miércoles, 11 de marzo de 2009
lunes, 9 de marzo de 2009
Cero energía. Nos hemos reunido, la junta directiva y yo, a discutir el presupuesto energético 2009 y, por ahora, este blog recibirá 0 (cero) energía. Razones varias. Solo comento una: todo es ficción, sí, pero el motor de cada ficción, casi siempre supo ser algún malestar real. Me temo que ando muy feliz últimamente.
Pero quién sabe, en cualquier momento puede producirse un chispazo y sale algo que no pueda ser canción y venga justo a parar acá. No hay garantías, casi que no hay interés, no sé, un poco sí, un poco no.
Además, qué es esta sobrexposición (va con doble e?) internética? Fotolog, Blog, Myspace, Feisbuk...
Un poquito de ganas de escribir de esas cosas que terminan como el orto tengo, igual... Sí, acabo de notarlo...
martes, 16 de diciembre de 2008
Autoboicot (2da parte)
Bueno, claro, somos miserables. Nos revolcamos en la miseria, la cara sucia del llanto pegoteado y la baba. Repugnantes. He aquí una verdad: todo lo que hacemos lo hacemos mal. Es lo que somos. Débiles, inseguros, pendejos. Todo el tiempo nos equivocamos y el mundo nos marca el error. Y si no, le recordamos que debe marcárnoslo. Hacemos mal nuestro trabajo, sabemos mal lo que sabemos, pensamos mal lo que pensamos, planeamos mal lo que soñamos, nos sale mal lo que queremos. Es injustificable, patético y notorio. Tenemos un dispositivo que nos dice "mal, otra vez". Nos convencieron: somos unos pelotudos, no servimos para nada.
martes, 9 de septiembre de 2008
Seguís ahí?
Es ella. Es ella!... Será? Sos vos? Tu espalda, tu corte de pelo, la curva de tu mejilla. Sos vos. Tu estatura, tu cadera, tus hombros caídos. Tus zapatillas, tus pantalones. No... será? Dejame verte, qué hacés acá? A ver, dejá que te vea. Te rodeo. Ya casi... miro? SOS! No... no... no sos. No la conozco. Qué susto... no, no es vos. No estás acá. No te estoy viendo... No volviste. No te estoy viendo... qué suerte!
sábado, 23 de agosto de 2008
Un pulso
Llegando al clímax del sentimiento. La droga que surte efecto. Llegando al punto culminante. Una tangente en un plano paralelo al horizonte. Una curva. Una piedra volando llegando a su mayor altura. El peor instante. El momento de gritar, quebrar, caer, tirarse, disparar...
Una sonrisa. Un instante, dentro del instante, en que no. En que sí. Un pulso.
Pero despertar y seguir idiota. Nadar sin saber dónde está arriba. Asfixia, correr, desesperar, arrastrarse, caída, golpear, sacudirse, romper, atragantarse, vomitar, infección, drogas, dolerse. Gritamos todos y nadie quiere entender lo que decimos. Subimos la música, distorsionamos más, gritamos más, golpeamos más, corremos más, dolemos más, insultamos más, herimos más, molestamos más, sufrimos más, queremos más.
Una mujer enamorada. Besando, abrazando. Casi.
Porque no. Ahora no. No puedo. No. No, no. Se diluye el sentimiento en agua sucia. La resaca. La mediocridad sensorial. Una línea amorfa. Una piedra rodando, ro dan do, detenida. Y la nada que apesta miserablemente un poco menos.
Una sonrisa. Un instante, dentro del instante, en que no. En que sí. Un pulso.
Pero despertar y seguir idiota. Nadar sin saber dónde está arriba. Asfixia, correr, desesperar, arrastrarse, caída, golpear, sacudirse, romper, atragantarse, vomitar, infección, drogas, dolerse. Gritamos todos y nadie quiere entender lo que decimos. Subimos la música, distorsionamos más, gritamos más, golpeamos más, corremos más, dolemos más, insultamos más, herimos más, molestamos más, sufrimos más, queremos más.
Una mujer enamorada. Besando, abrazando. Casi.
Porque no. Ahora no. No puedo. No. No, no. Se diluye el sentimiento en agua sucia. La resaca. La mediocridad sensorial. Una línea amorfa. Una piedra rodando, ro dan do, detenida. Y la nada que apesta miserablemente un poco menos.
viernes, 11 de julio de 2008
Dios
Me siento un punto en el universo. Un punto, sólo tamaño y forma. Un punto, la mínima forma temporal, una condensación y a la vez, lo primario, lo más simple. El sonido de un punto en el "centro" de un plano, hace inaudible el sonido del plano, pero... ¿cómo ser punto sin plano? ¿O será el plano el que le debe la existencia al punto? ¿Dios nos creó o fue al revés?
Las reglas son otras cuando vos sos mi Dios. Creo en vos, te adoro, te contemplo como se contempla a un Dios: completamente despojada de toda materialidad, desde abajo. Creaste un mundo en el que todo me llega a través del placer. Sos un Dios generoso. ¿A dónde querés llevarme? No tengo miedo de que llegue el momento en que sucumba ante tanto goce, me inunde y explote. ¿Y luego qué?
Hay detrás de todo Dios un destello rodeado de sombra. Una mirada que deja de ser benévola y se vuelve aterradoramente signo de poder. Es más fácil adorar a un Dios amado que a un Dios temido, pero ¿a cuál nos sometemos? Dios tiene el amor infinito para hacerme feliz. Más que feliz, para hacerme Felicidad. Me fundo con todo lo demás, se disuelve el punto en el plano y todo es una misma cosa que, mientras sucede es felicidad, pero en el instante en que se concreta ¿qué es? Y ahí llega esa mirada, que se adivina sobre el espacio negro. ¿Es ahora cuando debo morir? ¿Es el momento de la muerte la felicidad consumada? Y no es miedo lo que siento, no pertenece a mi lenguaje. ¿Es incertidumbre? ¿Es placer que me avergüenza?
Hay un destino y voy corriendo hacia él. ¿O el destino es correr y el camino me lleva al abismo? Podría detenerme, lo veo cada vez más cerca. Pero no me detengo. Corro más rápido. Sonrío. Corro más rápido. Me caigo al vacío.
No estoy muerta. Algo pasó, pero no fue mi muerte. Me cuesta reconocerme, como si no me acordara de mí, ¿así era? Estoy segura, sigo acá, pero ¿acá sigue acá?
De alguna manera este lugar se fue y volvió el lugar que era. Amo este lugar, pero... pertenece a este mundo sin Dios. Yo te hice Dios, te adoré, corrí hacia vos. Vos explotaste, todo explotó en un suspiro, un suspiro como un punto sobre un plano silencioso y vacío, vacío sin nada más que su propia existencia, tu propia existencia y la mía fundiéndose. Luego, en vez de la nada, el antes. El ahora que es como antes, como si nada hubiera pasado... pero que puede volver a pasar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
